170 aniversario del Teatro Principal

Dicen que la idea de construir un gran teatro en Alicante se gestó bajo la vela de popa de una polacra en el puerto de Alicante en septiembre de 1845. Un grupo de comerciantes tuvo la quijotesca idea de construir un gran teatro al estilo de los que se habían levantado pocos años atrás en Valencia o Barcelona. Y tal como decimos en esta tierra, dit i fet: el 25 de septiembre de 1847 se inaugura el Teatro Nuevo con el drama en cuatro actos Guzmán el Bueno, de Antonio Gil y Zárate.
Ese mismo año de 1847, Verdi estrena en Florencia su ópera Macbeth, y las hermanas Brontë publican Cumbres borrascosas y Agnes Gray con un pseudónimo masculino, claro está. Marx publica Miseria de la filosofía, y Siemens crea una empresa dedicada entonces al telégrafo, el internet de hoy. En España, la reina Isabel II sufre un intento de regicidio en el mes de mayo. Prácticamente eso es lo más interesante que le sucede a la Reina como experiencia adolescente. También en ese año hay otra inauguración de enorme relevancia, la del Teatre del Liceu de Barcelona. En 1847 se crea también algo muy importante para todos los autores escénicos de los florecientes coliseos dramáticos del XIX: la creación del Registro de la Propiedad Intelectual. Pero, en fin, sé que todo esto que acabo de narrar tampoco supone una gran aportación al acervo histórico del lector, ya que cualquiera puede perder unos minutos consultando Wikipedia.
Pero sí hay algo que no encontrarán en internet: a lo largo de estos 170 años se ha extendido la idea -en parte justificada- de que gracias a este grupo de comerciantes a bordo de una polacra, ahora podemos disfrutar del que es el edificio histórico más importante de Alicante. Así es la gran historia, pero no la historia completa: falta la pequeña historia. Si es cierto que el Teatro se construyó gracias a que fue promovido por la alta burguesía alicantina, es tan cierto que se levantó céntimo a céntimo gracias a los habitantes más humildes de esta ciudad, ya que los comerciantes gravaron los productos que eran la base de la dieta de la población más humilde para sufragar la construcción. El Ayuntamiento hizo pagar a los comerciantes un tributo por el comercio del bacalao y el azúcar a cambio del arbitrio que estos pagaban con el fin de recaudar los fondos, y los comerciantes permutaron ese tributo por una parte de la propiedad del Teatro. Pero lo que no se hizo ni público ni oficial es que ese tributo lo habían conseguido subiendo el precio de productos de primera necesidad. Así, como dijo José Alfonso Roca de Togores en 1883: “Si todo el pueblo de Alicante, en todo o en parte, en grande o pequeña escala, contribuyó a su construcción [del Teatro Principal], resulta extraño que pertenezca en absoluto a una sociedad de particulares a la que es ajeno el Ayuntamiento de Alicante”. Nota: gracias, Jaume Lloret, por tenerme tan absorbido tantos días leyendo las páginas de tus notables investigaciones sobre el Teatro en nuestra ciudad.
170 años después consideramos al Teatro Principal (que antes fue el Teatro de Alicante, y antes el Teatro Nuevo) como algo que nos pertenece a todos. No importa quiénes fueron o son ahora sus propietarios, porque el sentimiento es el mismo, el Teatro es tan de Alicante como lo es la arena del Postiguet o el Benacantil. Así lo consideraron también sus propietarios, y quizá por esa razón sigue en pie. De haber sido de otro modo, seguramente habría sucumbido a la pala como otros edificios desaparecidos para nuestra vergüenza. Así pues, debemos honrar las viejas piedras levantadas por nuestros antepasados, unos y otros, y por los cientos de miles de espectadores que rieron y lloraron al alzarse el telón por primera vez en esa misma butaca que ahora ocupamos. Debemos honrar un edificio donde se entra para sentirse parte de una comunidad. El Teatro, que significa en griego “mirador”, es el lugar privilegiado desde donde observamos al ser humano tal como es. Es el templo al que deberíamos entrar descalzos, como el más humilde habitante de esta ciudad que hace casi doscientos años se alimentaba cada día de bacalao salado y un mendrugo de pan.
Conmemoremos y festejemos con grandes alharacas estos 170 años, y comprometámonos a que lo que hagamos como ciudadanos a partir de ahora sirva para que otros festejen 170 más de este edificio. Bienvenidos al Teatro Principal de Alicante, se alza el telón de la 171 temporada.