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El reto del quinto uso del Puerto

En mayo de 2019, unos días después de ganar las elecciones, Luis Barcala y el Puerto de Alicante firmaban un “protocolo de colaboración” por el que las dos instituciones se comprometían a desarrollar suelo portuario dirigido a los usos de la nueva economía digital en el marco de “Alicante Futura”. Se conjuraban para potenciar “el desarrollo de la zona de poniente del Puerto”, en el entorno del centro comercial Panoramis, así como en el muelle 14. Barcala intentaba insuflar vida a un proyecto plagiado del Distrito Digital que le había servido de mero photocall en su presentación ante su partido. Google encuentra más de cinco mil resultados de “Alicante Futura”, pero si googlean “palacio de congresos Alicante” verán que los resultados caen a una quinta parte, incluyendo anuncios de  inmobiliarias, venta de moquetas para congresos y la guerra de los vecinos con Alperi. No me pregunten por qué he asociado “Alicante Futura” y “Palacio de Congresos de Alicante”, quizá en dos años sea Google quien les dé la respuesta.

Ahora relaciónenlo con otro hecho: ya en septiembre de 2019 se aprobó mediante modificación de presupuesto un buen número de proyectos que venían del tripartito y que ahora vuelven a ser presentados casi dos años después, otra zarzuela desempolvada de Barcala. La pregunta es: si en tres años de mandato no ha sacado adelante aquellos proyectos, ¿por qué habríamos de confiar en que saque estos en solo dos?

Pero yo no venía a hablar de grandes anuncios y promesas incumplidas, e verdadero leitmotiv de Barcala, deseaba tratar algo mucho más modesto, pero no por ello y en mi opinión menos trascendental si se mira desde cierto ángulo. Yo venía a hablar de las casas de Heliodoro Madrona.

Pero les ruego que partamos de un pequeño viaje en el tiempo: en el desarrollo de los puertos se han producido fases que van de la unidad urbana-portuaria de la antigüedad al reacercamiento y reintegración, pero si aplicamos los términos cronourbanitas del especialista en ciudades inteligentes Carlos Moreno, asesor de Ane Hidalgo en París, un modelo monopolizado por sedes profesionales, económicas, financieras y administrativas (el paradigma sería la extravagancia de la implantación de SUMA) no es que ayude a avanzar en una ciudad descentralizada, igualitaria, redistributiva. Tampoco creo que Mazón y Barcala estén muy preocupados por eso.

Tenemos muchos ejemplos de ciudades donde la prioridad económica y financiera produce espacios que no se hablan con la ciudad, campus que a las seis de la tarde se convierten en ciudades fantasma. El reto es, pues, diseñar qué tipo de acercamiento se debe producir entre puerto y ciudad o no se cumplirá la ansiada integración, no será más que un acto escenográfico, no etnológico, un skyline de decorado. En definitiva, no puedo estar de acuerdo en la implantación de una “reglada armonía” diseñada por corporaciones económicas solo para uso profesional y mercantil en Alicante sin complementarse con una estrategia poderosamente sociocomunitaria.

Aquí es donde venía a hablar de las casas de Heliodoro Madrona. Me pregunto por qué no se ha abierto el debate de mantener su finalidad. Pero una finalidad adecuada no ya a estos tiempos, sino a los futuros.

Es indudable que tenemos nuevos problemas sociales ya consolidados: la soledad no deseada, la dificultad de emancipación de los jóvenes, un déficit en la accesibilidad de los espacios públicos y urbanos, la brecha de género, generacional y profesional, la conciliación… ¿Debe el puerto empezar a pensar en que convivir con la ciudad significa convivir con sus habitantes y no convertirlos en empleados, usuarios o clientes, sino también en cierto modo en sus propios vecinos?

Por otro lado, ¿hemos de crear únicamente reservorios periféricos y conurbanos para el problema de la soledad no deseada, de la longevidad, de la dependencia y la diversidad funcional? ¿Qué papel puede jugar un puerto como el de Alicante en ese sentido?

Estimo que, como expansión de la ciudad, ha de configurarse emulando a la ciudad en su desarrollo de interdependencia comunitaria: ha de responder también a los grandes retos sociales del futuro que acechan la ciudad.

El conservacionismo debe tener una razón patrimonial, pero también funcional, pragmática, lo que desemboca en una segunda vida proyectada: hacer de las casas de Heliodoro Madrona un proyecto para la innovación social. Los barrios degradados necesitan de proyectos estratégicos para ser reintegrados en la ciudad como del mismo modo el puerto necesita de proyectos sociales para hacer lo propio. Recordemos que algunos de los primeros futbolistas del Hércules eran vecinos de las casas de Heliodoro Madrona, o que las grandes victorias de Calpisa y Tecnisan tienen su embrión en aquel equipo de Obras del Puerto, uno de los fundadores de la entonces División de Honor.

Aceptamos la importancia del Distrito Digital, pero también es preciso tratar la responsabilidad social de esas empresas, como la responsabilidad social de un Centro de Congresos, la del centro de empresas en Panoramis y otras que se incorporen. Aceptemos también una estrategia social junto al puerto y a todas esas corporaciones que tienen allí su actividad que ofrezca soluciones para la soledad no deseada, para la dependencia, para nuestros estudiantes y deportistas, para los mayores, para los primeros profesionales y emprendedores. Tengo la impresión de que serán favorables a ello. Y empecemos estudiando si la renovación y la incorporación de la tecnología en las antiguas casas de empleados, entre otros casos, resulta que sirven para ello, y que puede llegar a ser un modelo en la innovación que el Patronato de la Vivienda ha de encarar para todos nuestros barrios.

Hay concebidos cuatro “usos no portuarios” (medioambiental y de esparcimiento; cultura y patrimonio; investigación y tecnología; y servicios terciarios), quizá solo necesitamos ese quinto uso de responsabilidad social pública y privada con el fin de ser referentes para otros puertos y ciudades: porque equilibramos decididamente los proyectos motor en la innovación económica con los proyectos motor en la innovación social.

El puerto no puede terminar siendo un King College tecnológico y económico, sino un espacio que se rija por las mismas leyes que forman una ciudad. Si aceptamos que el Puerto, para ser Alicante, se debe parecer a ella, aceptemos que con proyectos sociales innovadores estaremos también en el camino para conseguirlo.