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Y ahora, ¿qué hacemos con el Hércules, alcalde?

Entiendo que todos los que hayan leído el título de este artículo sabrán de qué hablo, pero es conveniente recapitular con el fin de que nadie se pierda por los vericuetos de los hechos. El Hércules baja de categoría, los miembros de la corporación manifestamos nuestro apoyo y pesar y hasta nuestra nostalgia por mejores temporadas. ¿Por qué? Bueno, si se dice que el Hércules es identitario de la ciudad será porque pertenece a la memoria afectiva, y la memoria afectiva es individual y subjetiva. Puedes tener afecto por el club por el motivo que uno guste, si no, sería incongruente sostener que el club sea algo más que un equipo de futbolistas.

En los prolegómenos, el alcalde Luis Barcala pronunció aquello de que los dueños in anima del Club (la afición) habían perdido la confianza de los directivos actuales, dueños in corpo del equipo. Ya se sabe que nuestra tradición judeo-cristiana manda que las cosas sean necesariamente in anima e in corpo.

Es de suponer que esas declaraciones del alcalde fueron las que animaron a algunas peñas herculanas a pedir la colaboración del pleno del Ayuntamiento, casi amparo. Enviaron un borrador de declaración institucional que, una vez adaptado a una declaración “institucionalmente sostenible” por el equipo de gobierno, firmamos todos los grupos municipales. Tal como se ha comentado, era la primera vez en la democracia que un pleno se manifestaba institucionalmente ante un tema como este, poca broma. Y ha sucedido siendo Luis Barcala el alcalde.

En el acuerdo segundo de la declaración se pedía que el Hércules CF tuviera en cuenta a la afición para buscar soluciones. El alcalde leyó la declaración en el pleno y todo el mundo quedó satisfecho. Al menos en ese minuto del partido.

¿Qué sucedió después? Debo decir que el Club estuvo a la altura de las circunstancias: no reaccionó en contra de la carga inicial de Barcala sobre su hombro y respondió con fair play. Si el alcalde pidió que el club tuviera en cuenta a la afición y el sentimiento Herculano de la ciudad, el Club propuso una “comisión social” para articular el modo en tener en cuenta estas cuestiones, venía a decir su comunicado. En conclusión, si bien el alcalde comenzó con un “patadón y adelante”, corrigió después. Bien hecho. El Club respondió con jogo bonito y no con un catenaccio, con menottismo y no bilardismo. Nada de especular en el juego: si nos meten tres, nosotros metemos cuatro.

Y todavía no había finalizado el primer tiempo cuando las peñas, ante la propuesta del Club, responden que no quieren “un buzón de sugerencias”. No las culpo. Demasiados años hace de la medular de Comisso y Saccardi, de la última rabona de Amato, del medio gol por partido de Trezeguet. Demasiado tiempo sin héroes que echarse a las botas.

Pero a partir de ese comunicado y hasta la fecha, el alcalde no saca la pelota de su campo. En mi opinión, el club le puso en bandeja una batuta para que liderara esa “comisión social”. No hacerlo sería dar la razón a las peñas en que tal comisión no vale para nada. El único que puede moderar, congregar y trabajar como agente de autoridad neutral es el alcalde. Es el alcalde el que debe articular lo preciso para que la comisión tenga valor, ofrecer un marco de confianza entre todas las partes. Y aunar a la afición, sobre todo eso.

Si Barcala cree de verdad en ese valor identitario escrito en la declaración que hace al Hércules más importante que un club deportivo, ha de dar prueba de ello congregando a los agentes económicos y sociales para ayudar al Club en lo que podamos. Estoy absolutamente de acuerdo con Luis Barcala en que la función del alcalde ni del Ayuntamiento es la de hacer de intermediario entre posibles compradores y los actuales propietarios. Pero tampoco es bueno empezar lo que no estás dispuesto a acabar. Eso es hacer paruipén, que en caló es “trapichear”. La función del alcalde de Alicante, en todo caso, es mediar entre una afición que representa un componente etcnológico nada despreciable y el club. Aunque entiendo que el alcalde tenga malos recuerdos de antiguas mediaciones de su partido en este ámbito. Afortunadamente, Barcala aseguró en su investidura que no era hombre de estar sentado tras una mesa, que era “un hombre de gestión”. Estamos de suerte.

En conclusión, el Hércules le ha dado una asistencia de gol al alcalde, y ahora le toca rematar. Si la “comisión social” es un éxito, es un éxito de todos, de él el primero. El resto del equipo, la Corporación, estaremos en ese campo para sudar la camiseta lo que haga falta, pero el brazalete lo lleva Barcala. ¿Se puede sentir más honrado?